A pocos kilómetros de Mar del Plata, dos destinos turísticos despliegan propuestas tan complementarias como singulares. El Pueblo Turístico Mechongué ofrece la calma absoluta de la llanura productiva, mientras Balcarce combina serranías imponentes con un pulso histórico marcado por leyendas del automovilismo.
Mechongué, el tiempo suspendido
Apenas surge la primera luz, el Pueblo Turístico Mechongué despliega una atmósfera apacible donde cada detalle irradia serenidad. Cada construcción baja, pintada con colores cálidos, invita a detenerse y a contemplar un ritmo cotidiano sin sobresaltos.
La plaza Independencia constituye el corazón comunitario del pago. Bancos impecables rodean una arboleda frondosa que ofrece un refugio perfecto para disfrutar mates tranquilos o conversaciones animadas. En su interior se encuentran monumentos dedicados a figuras emblemáticas, como Juan Domingo Perón, Evita y el cantor del pueblo, Tito Ramos. El sonido de múltiples aves complementa el murmullo suave del viento, generando una melodía natural capaz de relajar incluso a los acostumbrados al bullicio urbano.
A su alrededor se emplazan edificios como la Capilla Nuestra Señora de Lourdes, patrona del pueblo. La devoción a la Virgen de Lourdes está profundamente arraigada, desde los primeros oficios religiosos que se celebraron en la Escuela Nº 9 hasta la construcción de la gruta en su honor en 1975.
En comercios tradicionales, pobladores saludan con cordialidad espontánea. Panaderías, almacenes y cafés conservan una estética clásica que remite a épocas menos apresuradas, como el Almacén de Spadari, conocido también como El Viejo Almacén. Inaugurado en 1930 por Cayetano Spadari, acaparó la vida social y económica del pueblo durante casi un siglo. El aroma del pan recién salido del horno se mezcla con la calidez del ambiente general, creando una experiencia sensorial profundamente ligada a la esencia local.
Mechongué fue reconocido como la Capital Nacional de la Amistad, un título que refleja la calidez y hospitalidad de las personas que viven allí, y qué mejor para celebrar la amistad y el encuentro que en la Parrilla Los Amigos. “Un espacio amplio para 120 personas, rodeado de maderas y cuadros de personalidades destacadas que han pasado por el pueblo, como el ex presidente Alfonsín a quien tuve el honor de atender junto a toda su familia, también automovilistas consagrados y futbolistas que se acercaron a disfrutar y comer bien”, contó Miguel Angel Salvatore, propietario.
La propuesta gastronómica no solo queda en carnes al asador, también tiene variedades de hamburguesas, pizzas y milanesas con guarnición para compartir entre familia y amigos.
Muy cerca aparece la antigua estación ferroviaria, emblema de un pasado lleno de movimiento. Sus rieles oxidados funcionan como metáforas de historias detenidas, cargadas de viajes, despedidas y encuentros. Quienes se acercan capturan imágenes que combinan nostalgia, belleza y silencio, construyendo recuerdos que permanecen más allá del recorrido.
Mechongué deslumbra por su sencillez auténtica. No necesita grandes monumentos para conquistar. Lo consigue mediante pequeños instantes. Ese conjunto de cosas conmueve a cualquier espíritu en búsqueda de la calma verdadera.
Mechongue está a 74 kilómetros de Mar del Plata por la ruta 88 y se ubica a tan sólo 47 kilómetros de Miramar. Se puede llegar por la ruta provincial 88, hasta el acceso al pueblo por un camino secundario. Por el Noroeste se accede desde la localidad de San Agustín (Balcarce) que conecta con la ruta provincial 55 que une Balcarce con Necochea.
Balcarce, serranías vibrantes y sabores nobles
Distinta pero complementaria, Balcarce se presenta rodeada por sierras que definen su silueta y la Laguna La Brava, símbolo local. Aproximadamente 80 kilómetros de distancia su ruta más directa es la Ruta Nacional 226, las elevaciones verdes, grises y hasta está la piedra naranja, dibujan un horizonte dinámico que enamora con solo mirarlo. Cada curva de sus caminos sinuosos invita a descubrir lugares donde la naturaleza se expresa con fuerza, pureza y matices inconfundibles.
El cerro El Triunfo se presenta como una panorámica impactante. Desde la cima se aprecia la ciudad completa, con calles ordenadas, barrios tranquilos y arboledas generosas. La brisa serrana acaricia el rostro, y ese instante se convierte en un recordatorio de la inmensidad que habita en paisajes cercanos pero no siempre explorados.
Balcarce también late al ritmo de motores legendarios. El museo Fangio rinde homenaje a una figura emblemática cuya trayectoria trascendió fronteras. Salas repletas de autos históricos, medallas, cascos, documentos y fotografías permiten comprender la grandeza de su carrera. El recorrido revela una combinación perfecta entre habilidad, valentía y pasión.
La parada adecuada luego de visitar el museo es sin duda donde sirven un café humeante con aroma profundo, y es en Don Jota:“Estamos ubicados en la entrada de Balcarce junto al monumento y réplicas artísticas de Juan Manuel Fangio. Somos un lugar cálido con hermosa vista y menú variado y abundante. Hace 5 años nos especializamos en el postre de Balcarce de elaboración propia, alfajores artesanales y otras delicias dulces. El team salado tiene lo suyo también: sandwichería y platos del día que son una bomba”, detalló Franco Rosconi, propietario -@donjotacafe-.
Más allá del núcleo urbano, la inmensidad rural continúa desplegando atractivos. Chacras dedicadas a la producción agrícola muestran procesos que incluyen siembra, cuidado y cosecha de alimentos esenciales para la región.
Las sierras constituyen un escenario ideal para caminatas, paseos en bicicleta o cabalgatas. Senderos irregulares atraviesan bosques nativos donde se perciben aromas vegetales intensos. El silencio, apenas interrumpido por sonidos de aves, crea un ambiente perfecto para reflexionar, respirar y disfrutar de una desconexión absoluta.
Por la noche, luces tenues iluminan calles que mantienen un espíritu acogedor. Conversaciones en veredas, música suave proveniente de bares pequeños y el clima templado construyen una atmósfera entrañable. Balcarce invita a quedarse un poco más, prolongando la sensación de bienestar que transmite cada paisaje.
Aunque distintos entre sí, Mechongué y Balcarce comparten un poder difícil de explicar: ambos logran que el tiempo adopte un ritmo más humano muy cerca de Costa Atlántica para descansar un poco más. La combinación entre silencio rural, aire puro, horizontes amplios y hospitalidad sincera produce experiencias que permanecen grabadas en la memoria.
Quien recorre este dúo bonaerense descubre que la Provincia Bonita Argentina guarda tesoros alejados de circuitos masivos pero llenos de encanto. Dos mundos cercanos que ofrecen paz, belleza y autenticidad mediante paisajes profundos, sabores únicos y gente cálida.