La temporada invernal en la provincia de Buenos Aires tiene sus propios rituales. La alarma suena antes del amanecer, el termo se llena con agua caliente, la caña espera preparada y el camino conduce hacia espejos de agua donde el tiempo parece transcurrir más despacio. En los meses más fríos del año, la pesca deportiva del pejerrey se transforma en la excusa perfecta para una escapada que combina naturaleza, gastronomía, paisajes y el encuentro con las tradiciones de cada localidad.
Mientras las playas del litoral bonaerense descansan del verano, las lagunas distribuidas entre el sudoeste y el centro viven uno de sus mejores momentos. Quienes llegan atraídos por el pique también recorren pueblos, descubren sabores regionales, se alojan en emprendimientos locales y encuentran propuestas que transforman una salida de pesca en una experiencia para disfrutar durante varios días. El recorrido puede comenzar en el extremo sudoeste de la provincia. Allí, el partido de Monte Hermoso, ubicado a unos 100 kilómetros de Bahía Blanca, es reconocido por sus playas y por ser uno de los pocos lugares del país donde el sol puede verse salir y ponerse sobre el mar. Sin embargo, cuando bajan las temperaturas, otro escenario comienza a captar la atención de quienes buscan una escapada diferente: la Laguna Sauce Grande.
Con más de 3.000 hectáreas, este espejo de agua se forma gracias al río Sauce Grande, que nace en el sistema serrano, atraviesa el dique Paso de las Piedras y, tras alimentar la laguna, continúa su recorrido junto al arroyo Las Mostazas hasta desembocar en el mar. Ese recorrido natural convierte al lugar en uno de los ambientes más apreciados para la pesca deportiva del pejerrey.
"El pejerrey encuentra acá condiciones ideales para desarrollarse, por eso hablamos de ejemplares de muy buen porte y muy peleadores. Además, existe un manejo responsable del recurso que permite mantener la calidad de la pesca año tras año", explica Osvaldo Carbajo, referente del restaurante Biguá.
Pero la laguna ofrece mucho más que un buen pique.
"Acá funciona también el Club de Pesca, que durante todo el año desarrolla actividades náuticas como regatas, kitesurf, windsurf, esquí acuático, motos de agua y kayak. Siempre hay movimiento y propuestas para disfrutar del agua, incluso para quienes no vienen exclusivamente a pescar", cuenta.
El entorno invita a quedarse. Playa de arena, amplios espacios verdes, parrillas públicas, proveeduría, agua caliente, leña, hielo y todos los servicios necesarios que permiten pasar el día completo frente a la laguna.
La experiencia continúa en Biguá, un restaurante que recuperó una construcción de la década de 1960 y apuesta por una cocina basada en productos regionales.
"Trabajamos con pequeños productores porque creemos que esa también es una forma de mostrar Monte Hermoso, con productos frescos y de calidad en un edificio que tiene un importante valor arquitectónico para la región. Además, estamos ubicados en un bajo natural que nos protege del viento sur, por eso incluso durante el invierno la laguna resulta un lugar muy agradable para disfrutar", señala Carbajo.
Como si la riqueza natural no alcanzara para sorprender, Sauce Grande también conserva parte de la historia más antigua del sudoeste bonaerense. Investigaciones realizadas por especialistas de la Universidad Nacional del Sur identificaron en sus alrededores restos arqueológicos pertenecientes a grupos cazadores-recolectores del Holoceno tardío, con una antigüedad cercana a los 2.700 años.
Sin alejarse del sudoeste provincial, el partido de Puán, ubicado al pie del sistema serrano y muy cerca del límite con La Pampa, propone una experiencia donde la pesca convive con algunos de los paisajes más singulares del interior bonaerense. La Laguna de Puán, reconocida desde hace décadas por la calidad de sus pejerreyes, recibe cada invierno a pescadores que llegan para embarcarse o lanzar sus líneas desde la costa.
Sin embargo, el encanto del destino trasciende la pesca. El balneario municipal invita a caminar junto al agua, compartir un mate frente al lago o contemplar los atardeceres que tiñen de colores las sierras. Muy cerca, la ciudad de Puán permite descubrir su patrimonio histórico, recorrer el Parque Municipal, visitar la Abadía Santa María y disfrutar de la gastronomía local, convirtiendo una salida de pesca en una escapada ideal para todo el fin de semana. La combinación entre naturaleza, tranquilidad y servicios hace que cada invierno el destino vuelva a posicionarse entre los preferidos por quienes buscan desconectarse de la rutina.
El recorrido continúa hacia el centro de la provincia de Buenos Aires. A poco más de 60 kilómetros de la ciudad de Olavarría, la Laguna Blanca Grande aparece como un refugio donde el silencio, el horizonte abierto y la inmensidad del paisaje marcan el ritmo de la jornada. Su característica forma circular y la amplitud del espejo de agua la convierten en uno de los destinos más elegidos por los amantes de la pesca deportiva.
"Tenemos un predio de casi 500 hectáreas donde conviven la laguna, el camping y toda la infraestructura recreativa. Contamos con más de cincuenta embarcaciones para alquilar y espacios para pescar tanto desde la costa como embarcados, pero además buscamos que quienes nos visitan puedan quedarse varios días disfrutando del lugar", explica Matías Arrignon, del Club de Pesca Laguna Blanca Grande.
La propuesta se completa con cabañas, casas de alquiler y un amplio camping equipado que incluye parrillas e iluminación.
"Más allá de que estamos orientados a la pesca deportiva, desarrollamos muchas actividades recreativas para toda la familia. Hay caminatas, deportes acuáticos y distintos espacios para que cada visitante encuentre su manera de vivir la laguna", agrega Arrignon.
La pesca deportiva también implica un compromiso con el ambiente. Respetar las medidas de conservación, las vedas y las normas establecidas para cada espejo de agua es fundamental para preservar el ciclo natural del pejerrey y garantizar que futuras generaciones puedan seguir disfrutando de esta tradición que forma parte de la identidad bonaerense.
Porque el invierno también tiene su temporada alta. Está en los amaneceres sobre la laguna, en el mate que acompaña la espera, en la emoción del pique y en las historias compartidas a la orilla del agua. En la provincia de Buenos Aires, cada captura es apenas el comienzo de un viaje que invita a descubrir paisajes, sabores, tradiciones y la identidad de municipios que encuentran en el invierno una de sus mejores estaciones para recibir visitantes.