La Boca

El mural de Quinquela Martín que guarda la Escuela Pedro de Mendoza

LA PLATA, 22-10-2026 | PUBLICADO POR REDACCIÓN

La obra “Buzos en el fondo del mar”, ubicada en una escuela de La Boca, fue restaurada en 2019, pocos meses antes de la pandemia.


En una de las aulas de la Escuela Museo Pedro de Mendoza, en el barrio porteño de La Boca, una escena submarina invita a los estudiantes a descubrir una faceta menos conocida de Benito Quinquela Martín. 

Se trata del mural Buzos en el fondo del mar, una obra que combina la representación de trabajadores en las profundidades con peces, algas y una atmósfera onírica que se diferencia de los tradicionales paisajes portuarios del artista. La pintura fue restaurada pocos meses antes de la pandemia de COVID-19 y forma parte del patrimonio cultural que el pintor dejó en el barrio que marcó su vida y su trayectoria.

A diferencia de las composiciones más reconocidas de Quinquela, caracterizadas por sus colores intensos y las escenas del puerto, el mural presenta una atmósfera más oscura, dominada por verdes profundos, que parece recrear la sensación de observar el fondo del mar a través de una capa de agua densa. 

Los buzos aparecen rodeados de elementos naturales, en una escena que combina la belleza del paisaje submarino con el esfuerzo y los riesgos de las tareas que se desarrollan bajo el agua. Esa búsqueda visual convierte a la obra en una pieza singular dentro de la producción mural del artista.

La restauración representó un desafío particular debido a las características de la pintura y a su tonalidad. En aquel momento, el director del Museo Benito Quinquela Martín, Víctor Fernández, explicó que la obra conservaba una identidad propia incluso después de los trabajos de recuperación. “Incluso restaurado, es notablemente más oscuro que lo que uno conoce o espera de un cuadro de Quinquela Martín”, señaló. 

Según Fernández, esa diferencia no debe interpretarse como un defecto, sino como parte de una exploración artística en la que el pintor se permitió abordar otras disciplinas y temáticas sin abandonar su vínculo con el mundo del trabajo y la vida cotidiana.

La historia personal de Quinquela también ayuda a comprender esa relación entre arte e identidad. Nació el 21 de marzo de 1890 y fue abandonado en la Casa de Niños Expósitos, actualmente Hospital Pedro Elizalde. 

Junto a él dejaron un pañuelo de seda con una flor bordada y un mensaje que indicaba: “Este niño ha sido bautizado y se llama Benito Juan Martín”. Años después fue adoptado por la familia Chinchella, cuyo apellido castellanizó con el tiempo, y creció en La Boca, un barrio que se convertiría en el centro de su universo artístico.

Su formación fue principalmente autodidacta, aunque también asistió al Conservatorio Pezzini-Stiatessi. Durante su juventud, el contacto con la tienda familiar y con el puerto le permitió conocer de cerca a estibadores, trabajadores y vecinos que luego se convertirían en protagonistas de sus cuadros. 

La actividad portuaria, las embarcaciones y el esfuerzo físico de quienes trabajaban junto al Riachuelo fueron algunos de los motivos más recurrentes de su producción. “Los estibadores fueron el sujeto omnipresente en su pintura, un universo que conocía muy de adentro”, recordó Fernández al describir la conexión del artista con ese ambiente.

Esa identificación con su lugar de origen llevó a Quinquela a definirse como “el inventor de La Boca”, una expresión que sintetizaba su voluntad de representar al barrio y a sus habitantes. A través de colores vibrantes y pinceladas enérgicas, convirtió escenas cotidianas de la Buenos Aires trabajadora en imágenes reconocidas dentro del arte argentino. 

En una época en la que buena parte de la producción artística miraba hacia los modelos académicos europeos, eligió retratar el puerto, los barcos y la vida popular como protagonistas de una obra con identidad propia.

El compromiso de Quinquela con La Boca no se limitó a la pintura. En 1933 donó terrenos destinados a la construcción de escuelas, hospitales e instituciones culturales, convencido de que el acceso al arte y a la educación debía formar parte de la vida de la comunidad. 

Entre esas iniciativas se encuentra la Escuela Museo Pedro de Mendoza, que también alberga el Museo de Bellas Artes de La Boca. El edificio reúne parte de su legado y mantiene vivo el proyecto de acercar la producción artística a los estudiantes y a los vecinos.

En ese contexto, Buzos en el fondo del mar adquiere un significado que trasciende su valor pictórico. El mural forma parte de una serie de obras que Quinquela realizó para integrar el arte al ámbito educativo, con imágenes que acompañan la vida cotidiana de quienes transitan por la escuela. 

Su presencia permite que nuevas generaciones conozcan una dimensión diferente del artista y descubran cómo podía explorar escenarios alejados de sus habituales representaciones del puerto sin perder su interés por el trabajo y la experiencia humana.

Quinquela Martín murió en 1977, a los 86 años, y fue enterrado en un ataúd que él mismo había pintado con una escena portuaria. Su trayectoria quedó ligada de manera inseparable a La Boca, donde su obra continúa presente en museos, escuelas y espacios públicos. 

El mural de los buzos es parte de esa herencia: una pieza menos difundida que revela la diversidad de su lenguaje visual y reafirma una convicción que atravesó toda su vida, la de que el arte debía formar parte de la comunidad y estar al alcance de todos.

Agencia NA